Colegio GCA

¡Prepárate para ser feliz!

¿Libre desarrollo de la personalidad?

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Para la escuela y la familia en nuestro país, se convirtió en un debate interminable el problema de los límites de la libertad. Desde polos opuestos, unos formadores y otros discuten sobre la conveniencia o no de otorgar licencias de comportamiento a nuestros niños y jóvenes. Para algunos, resulta prematuro y contraproducente dejar que niños y jóvenes tomen decisiones sobre su vestido, sus costumbres y hábitos, su música, sus lugares de encuentro, etc. Para otros, la niñez y la juventud son condiciones suficientes para respetar la autonomía de decisión y autodeterminación de nuestros hijos.

Al respecto, creo que es fundamental fortalecer un espacio de formación capaz de mediar entre estos extremos, ambos problemáticos e incompletos. Creo en la formación para la libertad, la autonomía, la autodeterminación. Sin embargo, creo que esa libertad es producto del esfuerzo, la construcción permanente, el aprendizaje motivado y guiado por maestros expertos y cuidadosos. La libertad no es un derecho des-in-formado para hacer lo que quiera, inclusive en contra de mí mismo (adicciones, daños físicos…) o en contra de otros. La libertad individual es una victoria, una meta, que sólo alcanzan verdaderamente quienes se esfuerzan por construirla de forma responsable, progresiva y encausada.

No nacemos libres, sin razón ni formación, nos formamos para la libertad. Así pues, permitir que nuestros pequeños discípulos “decidan” sobre TODO lo que conviene a sus vidas cuando apenas están reconociendo el mundo al que pertenecen, las implicaciones y consecuencias de sus actos y la existencia real de otros seres humanos, es un acto de irresponsabilidad y desidia que hace culpables a los adultos, padres y maestros. Trabajo con esfuerzo para que mis estudiantes sean libres, no los trato en todo, sin medida ni criterio, como si ya fuesen libres. El amor que les tengo lo traduzco en cuidado, de tal forma que comprendo cuando su aparente decisión atenta contra su vida, su futuro inmediato o su salud.

Los maestros y padres caímos en una trampa: confundimos el libre desarrollo de la personalidad con la esclavitud a la que son sometidos nuestros niños y jóvenes cuando sea hacen presa fácil del consumo desmedido. No es libertad real querer tener y comprar todo lo que nos venden. Ropa, lujos, aparatos electrónicos… eso no representa un acto de libertad. Es la paradoja de la necesidad insaciable de tener cosas. Y menos cuando esa necesidad de consumir está ligada, sin criterio, a la imitación de los “héroes” que esta sociedad de consumo nos propone. ¿Libertad para parecerme al cantante, al futbolista, al actor o al maleante de turno? Libre todo aquel que define, con espíritu crítico y verdadera independencia, una forma propia de ser y hacer en el mundo. Nuestra primera misión formativa es crear esa capacidad crítica en nuestros pequeños. Toda perfecta libertad es una responsabilidad, por sí mismo y por los otros.

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