Colegio GCA

¡Prepárate para ser feliz!


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En la boca del lobo…

Siempre será más sabio prevenir que corregir. Esta es una evidencia que no necesita muchas explicaciones, nos resulta verdadera en sí misma. Sin embargo, cuando se trata de nuestra vida cotidiana, de las acciones y decisiones con las que vamos completando nuestros días, prevenir no es, precisamente, la consigna.

La tentación permanente a aplazar lo que debemos hacer; la tendencia a llevar hasta el límite los hábitos que, sabemos, hacen daño a nuestra salud; la costumbre arraigada de ignorar las advertencias, la norma, el aviso de peligro; todas esas acciones que nos hacen caminar por el innecesario filo entre lo bueno y lo malo, lo correcto y lo incorrecto, la vida y la muerte. Ahora bien, cuando se trata de la formación permanente de nuestros niños y jóvenes, preferir la corrección a la prevención es la peor de las elecciones. Nuestra tarea como padres y maestros es construir estrategias de formación, protección y cuidado preventivo, ¡no correctivo! En estos años, he podido constatar cómo muchos de los que hoy son los problemas más complejos que enfrenta la escuela tienen origen en un adulto necio que prefirió la corrección a la prevención.

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Voy a mostrarlo enseguida:

Es evidente el peligro al que están expuestos nuestros hijos e hijas ante las redes sociales y todo el contenido que ofrece el mundo virtual, la Web. Es indiscutible. Sin embargo, a mí me surgen sólo preguntas: está bien que debas mantener la comunicación con tus hijos, pero ¿debe ser con un aparato electrónico de última tecnología con acceso a TODO? ¿Debe ser con el mejor plan de datos? No comprendo bien para que, un niño de 8 años o un joven de 13 ó 16 años necesite una autopista virtual.

Todo se necesita en su tiempo, para un propósito y unas tareas definidas. Eso hace valiosa la tecnología. Me dicen que deben tener Internet en casa. Está bien. Pero, ¿es posible que adquiramos el plan que lo protege de visitar páginas nocivas? ¿Podemos hacer el pequeño esfuerzo de comunicarnos con la empresa que presta el servicio para pedirle bloquear lo indeseado y acceder permanentemente al historial? De acuerdo, Internet es parte de nuestra vida.

Pero, ¿debe tener el PC en su habitación? ¿No es posible que definamos horas, lugares y condiciones de acceso? Sé que estamos expuestos a la perversión de adultos pedófilos, expendedores de drogas y otras atrocidades contra nuestros niños y jóvenes. Pero, ¿cómo es posible que mi hijo o hija salga de casa sin control? ¿Dónde estoy yo cuando mi hijo decide salir a cualquier lugar, con cualquier persona? No quiero que envíe ni reciba material pornográfico ni propuestas que atenten contra su vida, pero le entrego todo el material suficiente para que suceda lo contrario.

Le estamos haciendo demasiado fácil el trabajo a los delincuentes. Somos demasiados ingenuos… e irresponsables. A los peligros siempre estarán expuestos. El mal siempre estará con nosotros. Ese no es el problema, el problema es que nuestra ingenuidad los ha puesto en la boca del lobo…

Camilo Castaño, Rector 
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¿Qué es una familia?

La cuestión que propongo es polémica y difícil de resolver. Mi definición de la familia tiene una sola motivación: descubrir un lugar en el que los niños y jóvenes encuentren todo el amor que merecen para alcanzar su felicidad personal. Ellos no son responsables de las decisiones de los adultos. Sus vidas no deben quedar condenadas por acusaciones morales o creencias religiosas que los desconocen como la única prioridad. Les propongo que vayamos más allá de la familia ideal y pensemos cómo construir familias asumiendo las circunstancias de la vida. Más allá de quiénes sean las personas que conviven en casa, lo importante es la disposición que estas personas tienen para convertir ese lugar en un amoroso espacio familiar. Entonces, ¿qué es una familia?

Una familia es un lugar en el que los adultos, los niños y los jóvenes están vinculados a proyectos comunes. Mi papá solía repetir que nuestra familia era como una empresa en la que todos aportábamos para lograr los objetivos que nos proponíamos. De esta forma entendíamos las normas que debíamos cumplir; las razones por las que nos compraban o no los juguetes de nuestro antojo; las responsabilidades que asumíamos en la vida cotidiana; los viajes que hacíamos o no… siempre con los propósitos familiares como el criterio. Así nuestra familia fue un lugar de pertenencia. En ese lugar, nuestros esfuerzos eran recompensados por la satisfacción de las metas alcanzadas para el bienestar de todos. Vivir en la misma casa no es una familia. Tener todas las comodidades o esconder las necesidades para aparentar bienestar no es una familia. Tener sólo proyectos individuales y egoístas no es una familia. Eliminar los espacios comunes y los ritos que nos encuentran no es una familia.

Una familia es un privilegiado lugar de aprendizaje. El contexto familiar es semejante a un simulador de vuelo. Los nuevos pilotos tienen la oportunidad de volar y equivocarse sin consecuencias catastróficas. El movimiento de todos los controles; las tormentas eléctricas y los fuertes vientos; las maniobras de despegue y aterrizaje, etc. Todos esos nuevos conocimientos pueden aprenderse sin riesgos reales guiados por pilotos experimentados que aprovechan el simulador para enseñar. Así es nuestra familia. En ella aprendemos a contestar las preguntas que nos convertirán en pilotos expertos: ¿qué sucede si administro mal el dinero? ¿Cómo debo tratar a las otras personas? ¿Cómo debo enfrentar los fracasos? ¿Cuál es la diferencia entre las personas que me aman y las que sólo quieren aprovecharse de mí? ¿Por qué debo ser responsable, disciplinado y esforzado? ¿Puedo mentir o robar? Nuestros niños y jóvenes pueden resolver estas y otras cuestiones de su vida en sus familias, antes de que el mundo se las enseñe. No importa quiénes o cuántos conforman nuestra familia, ella siempre debe ser un espacio creativo y amoroso.