Colegio GCA

¡Prepárate para ser feliz!


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¿Qué es una familia?

La cuestión que propongo es polémica y difícil de resolver. Mi definición de la familia tiene una sola motivación: descubrir un lugar en el que los niños y jóvenes encuentren todo el amor que merecen para alcanzar su felicidad personal. Ellos no son responsables de las decisiones de los adultos. Sus vidas no deben quedar condenadas por acusaciones morales o creencias religiosas que los desconocen como la única prioridad. Les propongo que vayamos más allá de la familia ideal y pensemos cómo construir familias asumiendo las circunstancias de la vida. Más allá de quiénes sean las personas que conviven en casa, lo importante es la disposición que estas personas tienen para convertir ese lugar en un amoroso espacio familiar. Entonces, ¿qué es una familia?

Una familia es un lugar en el que los adultos, los niños y los jóvenes están vinculados a proyectos comunes. Mi papá solía repetir que nuestra familia era como una empresa en la que todos aportábamos para lograr los objetivos que nos proponíamos. De esta forma entendíamos las normas que debíamos cumplir; las razones por las que nos compraban o no los juguetes de nuestro antojo; las responsabilidades que asumíamos en la vida cotidiana; los viajes que hacíamos o no… siempre con los propósitos familiares como el criterio. Así nuestra familia fue un lugar de pertenencia. En ese lugar, nuestros esfuerzos eran recompensados por la satisfacción de las metas alcanzadas para el bienestar de todos. Vivir en la misma casa no es una familia. Tener todas las comodidades o esconder las necesidades para aparentar bienestar no es una familia. Tener sólo proyectos individuales y egoístas no es una familia. Eliminar los espacios comunes y los ritos que nos encuentran no es una familia.

Una familia es un privilegiado lugar de aprendizaje. El contexto familiar es semejante a un simulador de vuelo. Los nuevos pilotos tienen la oportunidad de volar y equivocarse sin consecuencias catastróficas. El movimiento de todos los controles; las tormentas eléctricas y los fuertes vientos; las maniobras de despegue y aterrizaje, etc. Todos esos nuevos conocimientos pueden aprenderse sin riesgos reales guiados por pilotos experimentados que aprovechan el simulador para enseñar. Así es nuestra familia. En ella aprendemos a contestar las preguntas que nos convertirán en pilotos expertos: ¿qué sucede si administro mal el dinero? ¿Cómo debo tratar a las otras personas? ¿Cómo debo enfrentar los fracasos? ¿Cuál es la diferencia entre las personas que me aman y las que sólo quieren aprovecharse de mí? ¿Por qué debo ser responsable, disciplinado y esforzado? ¿Puedo mentir o robar? Nuestros niños y jóvenes pueden resolver estas y otras cuestiones de su vida en sus familias, antes de que el mundo se las enseñe. No importa quiénes o cuántos conforman nuestra familia, ella siempre debe ser un espacio creativo y amoroso.

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El poder del NO

Ninguna otra palabra contiene tanta frustración y tanto poder de confrontación como la palabra no. Nuestras acciones personales y laborales están encaminadas a evitar, por todos los medios, que esta palabra sea pronunciada en contra nuestra. “No lo quiero”; “No acepto”; “No es posible”; “No fue aprobado”; “No fue recibido”. Innumerables ocasiones en las que recibimos un “no” como respuesta y que ponen a prueba nuestra fuerza; la confianza que tenemos en nuestro talento; la perseverancia y la constancia con la que luchamos por nuestros propósitos vitales.   Después de un “no”, es posible hacer diferencia entre la valentía y la tenacidad de unas personas y la debilidad de otras. ¿Por qué, mientras unas personas usan los fracasos de la vida para levantarse con más grandeza, otras personas usan los fracasos de su vida para justificar su situación o explicar su pereza o su miedo?

Ninguna fuerza sobrehumana ha dotado o prodigado mayor suerte o bendición a unos seres humanos sobre otros. La diferencia real la han hecho los maestros: padres, docentes y tutores que confirieron a sus hijos y estudiantes toda la fuerza personal necesaria para convertir una derrota en una oportunidad. Cada vez que estos niños fueron formados en ese mágico lenguaje, se esforzaron por hacer comprensiones más complejas sobre la vida; a usar y aprovechar otros recursos personales o elementos a su disposición para resolver el fracaso o la respuesta negativa. Estos sabios maestros: padres y docentes, descubrieron el tiempo, el lugar y la circunstancia más oportuna para enseñarles a sus discípulos a escuchar la palabra “no”. Ellos sabían que, al hacerlo, preparaban a estos nuevos seres humanos para luchar en mundo vital esforzado y difícil. Una pequeña norma en el aula o el hogar; el cumplimiento de hábitos u horarios; la negación de algunos de sus deseos de comida, salida o vestido, fueron dolorosas enseñanzas que, sumadas, se tradujeron en un hombre y mujer con la suficiente fuerza espiritual para triunfar en la vida; para usar las derrotas en pro de nuevas victorias; para hacer de un desilusionante “no”, una motivación para continuar.

¡Qué dolorosa y peligrosa herencia dejamos a nuestros hijos cuando nos convertimos en sus genios de la lámpara! Cumplimos todos sus deseos; accedemos a todas sus peticiones y exigencias; resolvemos todos sus problemas y apartamos todos sus obstáculos; arriesgamos su vida y su salud permitiéndoles consumir alcohol y otras sustancias sin control; nos desentendemos de sus horarios de sueño y los dotamos de todos los medios tecnológicos posibles…

Una sola palabra nos aparta o nos acerca de poner a nuestros hijos e hijas en lugares de victoria. ¿Por qué tememos decir “no”?


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¿Prepárate para ser feliz?

¿Qué es la felicidad? Es una forma de vivir; una manera de enfrentar todas las cosas que nos suceden en la vida; es un modo de ver los problemas que enfrentamos, los triunfos o los fracasos que experimentamos. Ahora bien, a pesar de lo claro que resulta, es difícil hacerlo, asumirlo como un estilo de vida y enseñarlo. Creo, lleno de convicción, que la escuela debería dedicar todos sus esfuerzos a esta enseñanza: ¡Enseñar a ser feliz! Pero, ¿qué enseñan los que enseñan a ser feliz? En nuestro colegio seguimos un camino que quiero compartirles:

  1. Ningún ser humano carece de las habilidades necesarias para aprender. Queremos descubrir, para cada niño y niña, sus talentos, sus recursos más sobresalientes. Estamos convencidos de que si cada persona descubre que en su interior hay cosas que sí sabe hacer bien habrá descubierto su mayor tesoro. ¿Por qué insistimos en averiguar por lo que al niño le falta para ser mejor? ¿Por qué lo comparamos con los “niños modelo”? ¿Qué pasaría si, para corregir sus equivocaciones, resaltará sus valores personales? ¿Y si promocionará sus intereses, sus gustos, sus habilidades? ¿Y si apoyara su arte, su deporte, su capacidad intelectual?
  2. Cuando un ser humano descubre sus talentos, nuestra tarea como maestros es enseñarle a convertirlos en un PROPÓSITO VITAL. ¡Qué puede compararse en felicidad a la alegría de encontrarle sentido a la vida! ¡Con qué riqueza puedo medir la fortuna de saber y dedicarme a ese instrumento, a esos diseños, a ese deporte, a esos animales, a esas preguntas que me motivan! “Sé las habilidades que tengo, mis maestros las reconocen y promueven, y yo las convierto en un propósito vital”. Entonces, los maestros nos dedicaremos a mostrar que la auto-exigencia, la disciplina, la constancia y el esfuerzo lo harán llegar muy lejos. No lo dejaremos actuar con mediocridad; hará chocar todos sus miedos y derrotas contra la confianza en sí mismo y la convicción de su propósito vital.

Basta con reconocer todos sus valores, las diferencias que lo hacen incomparablemente perfecto; enseñarle a construir sus sueños aprovechando sus talentos; formándolo con amor exigente y esforzado; y enseñándole a no dejarse doblegar por los obstáculos. ¿Habrá un camino más amoroso que conduzca a la felicidad?

Nuestro colegio trabaja todos los días para ser más coherente con ese camino de formación. Querido papá y mamá, ¿en tu casa haces el mismo esfuerzo? ¿Los diálogos que tienes con tu hijo reconocen toda la perfección que hay en ellos? ¿Les dejas ver todo lo que saben hacer para corregir sus errores y alcanzar sus metas? ¿Nuestra vida familiar promueve el esfuerzo, la dedicación para el logro de pequeñas metas o los pequeños sacrificios para la obtención